jueves, 28 de octubre de 2010

No fue un accidente.


Crecí de una semilla nueva olvidada en la tierra.
Le sonreí por primera vez al viento cuando pasó por casualidad.
Bebí mi primer sorbo de agua, cuando una nube pasajera soltó sin querer un par de gotas.
Me nutrí del sol cuando las copas de los arboles grandes se mecieron dejandome ver la luz.

Mi vida fue saber aprovechar cada oportunidad.
Ahora fuerte. Ahora sabio. Mi tronco marcado cuenta mi historia.
Algunos dicen que estoy aquí por accidente,
pero las raíces que se hunden en el barro saben que no es cierto.

Desde el momento en que la naturaleza me quiso en el bosque.
Entonces yo supe que era igual a los demás.
Y así como el de al lado tuvo que esquivar mis raíces para sobrevivir.
Yo tuve que encontrar al agua, al sol y al viento para poder crecer.

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